ascend

Chapter 6 - La sombra del viejo Rodrigo

La primavera llegó al valle no con flores, sino con la crecida del río. El agua bajaba encrespada desde las cumbres, haciendo crujir la vieja rueda de madera del molino que Francisco y Juan habían restaurado durante los fines de semana. La rueda giraba de nuevo, no para moler grano comercial, sino para mover una sierra hidráulica que les permitía cortar vigas para reparar los tejados de los vecinos más pobres del pueblo.

A finales de abril, una carta con el sello de la capital llegó a la estantería de Sebastián. No venía del juzgado. Venía de un bufete de abogados particular.

Constanza leía la carta junto a la ventana mientras amamantaba a Gabriel. El bebé ya tenía tres meses, era robusto, de ojos oscuros y risa fácil.

—Rodrigo Altamirano ha vuelto a la provincia —dijo Sebastián, con la voz apagada pero serena.

Constanza no sintió el impacto que habría experimentado diez años atrás. El nombre de Rodrigo, que durante años había sido la llaga donde picaban los murmullos de las mujeres a la salida de la iglesia, le sonaba ahora como el nombre de un personaje de una novela rancia que alguien había olvidado en un cajón.

—¿Qué quiere Rodrigo? —preguntó ella.

—Está arruinado —explicó Sebastián, consultando el folio—. Se casó dos veces después de dejarte. La primera esposa murió sin descendencia; la segunda lo abandonó en la capital tras liquidar la mitad de sus fincas en el juego. No tiene herederos directos. Los terrenos de la parte alta del valle, los que lindan con el prado del molino, siguen a su nombre, pero están embargados por el Banco Hipotecario.

—¿Y qué tiene que ver eso con nosotros?

—Rodrigo ha presentado una reclamación de servidumbre de aguas sobre el molino —respondió el maestro—. Quiere cortar el desvío del río que mueve nuestra sierra y que riega el huerto familiar. Afirma que el cauce fue desviado ilegalmente por tu abuelo hace cincuenta años. Si gana el pleito, el molino se queda seco. Sin agua, no hay sierra, no hay huerto, y la inspección de la Audiencia nos declarará "sin recursos hídricos para el mantenimiento de los menores".

—Es la mano de los patronatos —intervino tía Rosario, entrando con un cesto de huevos frescos—. Rodrigo no tiene inteligencia para mover un pleito de aguas. Alguien le ha pagado las deudas del banco a cambio de que nos ahogue desde arriba.

Constanza miró fijamente la hoja de papel. Rodrigo Altamirano, el joven de sonrisa fácil que la había dejado caer sin una palabra de despedida cuando el médico pronunció la palabra estéril, regresaba ahora convertido en la marioneta de sus enemigos.

—Quiero verlo —dijo Constanza.

May you like

—No tienes por qué someterte a eso —se opuso Sebastián, tomándole la mano libre—. Yo puedo ir a la capital con el abogado del gremio de maestros.

—No, Sebastián —dijo ella, mirándolo a los ojos con una ternura profunda—. Rodrigo fue la primera puerta que se me cerró en la cara. Si no lo miro a los ojos ahora que la casa está llena de vida, siempre quedará un rincón oscuro en este salón. Francisco, prepara la calesa. Nos vamos al pueblo de arriba.

Related Stories

Other posts