Capítulo 8: Rostros en el espejo

En la mansión, la tensión era insoportable. Valeria bebía sin parar mientras Roberto discutía a gritos con los abogados de la empresa.
—Si esa prueba sale positiva, estamos en la calle —advirtió Valeria—. Perderemos las acciones, las cuentas bancarias y los hoteles.
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—No saldrá positiva —dijo Roberto con una sonrisa siniestra—. Tengo gente adentro del laboratorio. Unos cuantos miles de pesos cambiarán esa muestra.
Lo que Roberto no sabía era que Santiago había escuchado toda la conversación detrás de la puerta. El remordimiento comenzaba a carcomer al joven, quien no estaba dispuesto a ser cómplice de un crimen más.