Capítulo 7: La prueba de sangre

Para hacer valer el testamento, Gabriel advirtió que lo primero que pedirían los abogados de Roberto sería una prueba de ADN para impugnar su identidad.
—Van a decir que eres una impostora que se aprovechó de la demencia del viejo —dijo Gabriel.
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—No tengo miedo —respondió Mariana—. Que hagan las pruebas que quieran. La sangre de mi madre corre por mis venas.
Esa misma tarde, Mariana se presentó voluntariamente en el Instituto de Ciencias Forenses, acompañada por su abogado y rodeada por una nube de periodistas que no entendían cómo la exempleada doméstica reclamaba la herencia más grande de la región.