CAPÍTULO 7 — LA MUJER QUE NO SABÍA QUE ERA HEREDERA

Allison llegó a mi oficina dos días después.
Era más joven de lo que parecía en la fotografía.
Tenía una mirada cansada.
No confiaba en mí.
Y no la culpaba.
—¿Por qué me buscaste? —preguntó.
Le entregué la fotografía.
Su rostro palideció.
—¿Quién es ese hombre?
—Victor Hale.
—¿Y la mujer?
—Margaret.
Allison miró la imagen.
—No los conozco.
—Victor dice que es tu padre.
Ella soltó una risa nerviosa.
—Mi padre murió cuando yo era niña.
—¿Cómo se llamaba?
Allison respondió.
Victor.
El mismo apellido.
Sentí un escalofrío.
—¿Tu madre?
—Sarah.
La habitación quedó en silencio.
Allison se sentó.
—¿Qué está ocurriendo?
Le expliqué todo.
La historia de Victor.
Margaret.
La herencia.
Daniel.
Cuando terminé, Allison estaba llorando.
—Entonces toda mi vida fue una mentira.
—Parece que sí.
—¿Y qué quieres de mí?
—Nada.
—¿Entonces por qué me buscaste?
—Porque creo que estás en peligro.
Allison me miró.
—¿Por Margaret?
—Probablemente.
—¿Por qué?
—Porque eres la heredera que ella ocultó.
Allison se quedó en silencio.
Entonces su teléfono vibró.
Un mensaje.
Deja de hacer preguntas.
Ella me mostró la pantalla.
—Esto comenzó hace dos semanas.
—¿Has ido a la policía?
—Sí.
—¿Y?
—No pueden hacer mucho sin pruebas.
Yo conocía esa sensación.
La impotencia.
La incertidumbre.
La rabia.
—Entonces vamos a conseguir pruebas.
Mientras tanto, la investigación sobre mis clínicas avanzaba.
Descubrimos que Daniel había creado cinco empresas falsas.
Margaret había utilizado una de ellas para recibir mis pagos mensuales.
Victor había sido quien originalmente creó la estructura.
Pero, según él, Margaret había tomado el control.
La pregunta era:
¿Victor estaba ayudándome porque se arrepentía?
¿O porque quería recuperar su imperio?
No confiaba en él.
Pero tenía pruebas.
Y las pruebas eran importantes.
Entonces Daniel me pidió verme.
Estaba en prisión preventiva.
Robert no quería que fuera.
Fui de todos modos.
Daniel entró en la sala de visitas.
Parecía diferente.
Sin su ropa elegante.
Sin su reloj caro.
Sin su seguridad.
Solo un hombre cansado.
Se sentó frente a mí.
—No deberías haber venido.
—Probablemente no.
—Mamá dice que estás trabajando con Victor.
—¿Eso es lo que te preocupa?
Daniel bajó la mirada.
—No sé en quién confiar.
—Yo tampoco.
Se quedó callado.
—¿Me amabas? —pregunté.
Su rostro se quebró.
—Sí.
—¿Entonces por qué me hiciste esto?
—Porque pensé que me lo debías.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué?
—Mamá me dijo que tú sabías quién era mi padre.
—No lo sabía.
—Me dijo que tu familia había robado el dinero de mi padre.
—Eso es mentira.
—Lo sé ahora.
—¿Cuándo lo descubriste?
Daniel comenzó a llorar.
—La noche que te golpeó.
Lo miré.
—¿Qué?
—Margaret me dijo que fueras a la cena. Dijo que iba a pedirte dinero.
—¿Y tú?
—Pensé que solo quería más dinero.
—Entonces, ¿qué cambió?
Daniel apretó los puños.
—Encontré documentos en su habitación.
—¿Qué documentos?
—Sobre Allison.
Mi corazón se aceleró.
—¿Qué descubriste?
Daniel levantó la mirada.
—Margaret no quería simplemente encontrarla.
—¿Entonces?
—Quería matarla.
Me quedé sin aire.
Daniel continuó:
—Allison no es la única heredera.
—¿Qué significa eso?
Daniel tragó saliva.
—Victor tiene una segunda fortuna.
—¿Dónde?
—En una cuenta protegida.
—¿Y quién la hereda?
Daniel miró hacia la puerta.
—El hijo de Victor que sobreviva a todos los demás.
Sentí un escalofrío.
—¿Quién es?
Daniel me miró.
—Yo.
La habitación quedó en silencio.
—Pero dijiste que no eras su hijo.
—No lo soy biológicamente.
—Entonces, ¿por qué?
Daniel bajó la voz.
—Porque Victor me adoptó legalmente.
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Mi corazón se detuvo.
—Y Margaret quiere matar a Allison para que yo herede todo.