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CAPÍTULO 3 — EL HOMBRE QUE NO CONOCÍA

La policía arrestó a Margaret a las 8:12 de la mañana.

Yo estaba en la oficina de Robert cuando recibí la llamada.

—¿Está segura de que quiere presentar cargos? —preguntó el detective.

Miré a Robert.

—Sí.

—Su suegra insiste en que fue un accidente.

Solté una risa amarga.

—¿Un accidente?

—Dice que estaba intentando asustarla.

—Me rompió dos costillas.

—Lo sé.

—Entonces sabe que no fue un accidente.

El detective permaneció en silencio.

—Hay otra cosa —dijo.

—¿Qué?

—Su esposo estaba presente.

Mi estómago se tensó.

—Lo sé.

—Necesitamos saber exactamente qué hizo.

Cerré los ojos.

—Nada.

—¿Nada?

—No me ayudó.

—¿La atacó?

—No.

—¿La amenazó?

Recordé su voz.

Evie, no exageres.

—Me dijo que no exagerara.

El detective suspiró.

—Eso puede ser relevante.

Después de colgar, Robert me entregó una carpeta.

—Tenemos que hablar de Victor Hale.

La abrí.

Dentro había fotografías.

Un hombre de unos cincuenta años.

Cabello oscuro.

Traje elegante.

Mirada fría.

—¿Quién es?

—Estamos investigando.

—¿Y por qué aparece en mis cuentas?

Robert señaló una página.

—Victor Hale fundó una empresa de inversiones hace doce años.

—¿Y?

—La empresa desapareció después de una investigación federal.

—¿Por fraude?

—Fraude, lavado de dinero y manipulación de inversiones.

Miré otra vez la fotografía.

—¿Qué tiene que ver con Daniel?

Robert deslizó otro documento.

—Victor Hale es el padre biológico de Daniel.

Sentí que el aire abandonaba la habitación.

—Eso es imposible.

—Daniel me dijo que su padre murió cuando él tenía seis años.

—Eso fue lo que todos creíamos.

Robert señaló la fotografía.

—Victor Hale no murió.

—¿Entonces por qué Daniel cree eso?

—Porque alguien se lo dijo.

Me quedé en silencio.

Entonces recordé a Margaret.

Margaret había criado a Daniel sola.

Siempre había hablado de su difunto esposo.

Siempre había dicho que había muerto joven.

Siempre había repetido que ella había sacrificado su vida por su hijo.

Pero si Victor Hale estaba vivo…

¿qué más era mentira?

Robert continuó:

—Victor fue investigado hace años. Desapareció antes de ser arrestado.

—¿Y ahora?

—Ahora aparece conectado a tus clínicas.

—¿Crees que Daniel trabaja con él?

—No lo sé.

—¿Y Margaret?

—Tampoco lo sé.

En ese momento, mi teléfono vibró.

Era Daniel.

Esta vez contesté.

—¿Qué quieres?

Su voz sonaba agotada.

—Evie, por favor.

—No me llames así.

—Mamá está detenida.

—Lo sé.

—Necesito que retires los cargos.

—No.

—Fue un accidente.

—No vuelvas a decir eso.

Daniel guardó silencio.

—Ella no quiso golpearte.

—Entonces ¿por qué levantó el bate?

No respondió.

—¿Sabes qué es lo peor? —pregunté.

—Evie…

—Que no te moviste.

Su respiración cambió.

—Yo estaba en shock.

—Yo también estaba en shock. Yo era la persona a la que estaban golpeando.

—No sabía qué hacer.

—Podías llamar a una ambulancia.

Silencio.

—Podías detenerla.

Nada.

—Podías decirme que lo sentías.

Daniel comenzó a llorar.

—No quería perder a mi madre.

Cerré los ojos.

—Ya me habías perdido.

Colgué.

Robert me observó.

—¿Estás bien?

—No.

—Eso es normal.

—No. No estoy bien.

Miré los documentos sobre la mesa.

—Pero voy a estarlo.

Entonces recibí un correo.

El remitente era desconocido.

El mensaje solo tenía una línea:

Si quieres saber quién está robando tus clínicas, busca en la habitación de Daniel.

Robert se puso de pie.

—No vayas sola.

—No pensaba hacerlo.

Dos horas después, entramos en mi casa con una orden de registro.

La habitación de Daniel parecía normal.

Hasta que abrimos el armario.

Detrás de una caja de zapatos había una pequeña caja metálica.

Dentro encontramos una memoria USB.

Y una fotografía.

En la fotografía aparecía Daniel.

Junto a un hombre que nunca había visto.

Victor Hale.

Al dorso de la fotografía había una fecha.

Tres meses antes de nuestra boda.

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Y una frase escrita a mano:

Ella todavía no sabe nada.

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