CAPÍTULO 4 — LA GUERRA POR EL IMPERIO VALDÉS

Camila no regresó a casa para pedir perdón.
Regresó para destruir a Elena.
Con ayuda de su madre, falsificó documentos que demostraban que Elena había robado millones de la empresa familiar.
De pronto, la mujer que había regresado de la muerte fue acusada de fraude.
La prensa la llamó:
“La heredera psicótica que fingió su propia muerte.”
Elena perdió sus cuentas.
Sus propiedades fueron congeladas.
Y su propia madre declaró ante el tribunal:
—Mi hija Elena siempre fue inestable.
Elena se quedó mirando a la mujer que la había dado a luz.
—¿También tú?
Su madre no respondió.
Entonces Elena comprendió.
Camila no había actuado sola.
Toda su familia había participado.
Pero Elena ya no era la mujer que había desaparecido ocho meses antes.
Ahora tenía pruebas.
Testigos.
Grabaciones.
Y un aliado inesperado.
El hombre que la había salvado del accidente.
Su nombre era Gabriel Torres.
Un exinvestigador privado que había perdido a su propia hija por culpa de la familia Valdés.
Gabriel le entregó una carpeta.
—Tu accidente no fue el principio.
Elena abrió la carpeta.
Dentro había fotografías.
Contratos.
Transferencias bancarias.
Y una imagen que la dejó sin respiración.
Su padre.
El padre que todos creían muerto de un infarto.
Reuniéndose en secreto con un hombre desconocido.
Elena levantó la mirada.
—¿Qué significa esto?
Gabriel respondió:
—Que tu padre sabía que Camila planeaba traicionarte.
—¿Y por qué no me lo dijo?
Gabriel la miró con gravedad.
—Porque murió antes de poder hacerlo.
Elena apretó los documentos.
Y sus ojos volvieron a llenarse de odio.
—Entonces no solo voy a recuperar mi vida.
—¿Qué vas a hacer?
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Elena miró hacia la mansión de su familia.
—Voy a destruir cada mentira que construyeron sobre mí.