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CAPÍTULO 2 — EL ACCIDENTE QUE NUNCA FUE UN ACCIDENTE

Ocho meses antes, Elena y Alejandro estaban comprometidos.

Elena era la verdadera heredera de la fortuna Valdés.

Camila, su hermana gemela, siempre había vivido a su sombra.

Desde niñas, todos comparaban a las dos.

Elena era la responsable.

La brillante.

La heredera perfecta.

Camila era la que siempre sonreía.

La que fingía no sentir celos.

Pero nadie sabía que, desde los dieciséis años, Camila había repetido una frase en secreto:

—“Algún día, todo lo que es tuyo será mío.”

Elena nunca la tomó en serio.

Hasta la noche en que descubrió que su padre había cambiado el testamento.

Toda la fortuna familiar sería heredada por Elena.

Camila no recibiría nada.

Nada.

Esa misma noche, Elena descubrió algo aún peor.

Su prometido Alejandro había estado reuniéndose en secreto con Camila.

—¿Desde cuándo? —preguntó Elena, observándolos juntos en la biblioteca.

Alejandro se puso pálido.

Camila, en cambio, no negó nada.

—Desde hace seis meses.

Elena sintió que el mundo se rompía.

—¿Seis meses?

Alejandro dio un paso hacia ella.

—Elena, yo puedo explicarlo.

—¿Explicar qué? ¿Que mi hermana se acostaba con mi prometido?

Camila sonrió.

—No te preocupes. Él nunca te amó como tú creías.

Elena la abofeteó.

Camila cayó al suelo.

Alejandro gritó:

—¡No vuelvas a tocarla!

Elena lo miró.

Y comprendió.

Él ya había elegido.

Su propia hermana.

La misma noche, Elena recibió un mensaje anónimo.

“Si quieres saber quién está intentando destruir a tu familia, ven sola al viejo camino de Toledo.”

Elena fue.

Y nunca volvió.

El coche cayó por el barranco.

Pero antes de que el vehículo explotara...

Alguien la sacó de los restos.

Un hombre.

Un desconocido.

Un hombre que trabajaba para una red criminal especializada en desapariciones.

Elena sobrevivió.

Pero la encontraron demasiado tarde.

Con la columna fracturada.

Con múltiples heridas.

Y con una única frase en los labios:

—“Mi hermana intentó matarme.”

Durante meses, Elena luchó para volver a caminar.

Y cada noche repetía el mismo juramento:

—“No voy a regresar para pedir perdón.”

—“Voy a regresar para recuperar mi vida.”

Pero había algo que Elena aún no sabía.

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El accidente no había sido planeado únicamente por Camila.

Y Alejandro había estado presente aquella noche.

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