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Chapter 1 - LA NOCHE DEL ATAQUEEl golpe resonó en la suite privada como un disparo.

Khloe Thorne cayó contra el borde de mármol de una mesa, llevándose inmediatamente ambas manos al vientre.

El dolor le robó el aire.

Durante varios segundos, no pudo pensar.

Solo pudo sentir.

El frío del suelo bajo sus piernas.

El ardor en su espalda.

El latido desesperado de su corazón.

Y el movimiento de su bebé.

—No... —susurró.

Isabella Rossi permanecía frente a ella.

Llevaba un vestido rojo oscuro que parecía absorber la luz dorada de la habitación. Su cabello estaba perfectamente peinado. Su maquillaje seguía intacto.

Solo sus ojos habían cambiado.

Ya no fingían amabilidad.

Ya no fingían cariño.

Estaban llenos de odio.

—¿Todavía no lo entiendes? —preguntó Isabella.

Khloe respiró con dificultad.

—Sal de aquí.

—Siempre das órdenes.

—He dicho que salgas.

Isabella soltó una risa baja.

—Te sientes muy poderosa porque llevas el apellido Thorne.

Khloe intentó levantarse.

—No necesito tu permiso para estar con mi marido.

La expresión de Isabella se endureció.

—Ese es exactamente el problema.

Khloe se quedó inmóvil.

Durante semanas, Isabella había estado apareciendo en todos los lugares donde estaba Marcus.

En cenas.

En reuniones.

En eventos de la fundación.

Siempre con una excusa.

Siempre demasiado cerca.

Siempre tocándolo más de lo necesario.

Al principio, Khloe había intentado ignorarlo.

Después había intentado hablar con Marcus.

Pero él siempre decía lo mismo.

—Isabella es una amiga de la familia.

Una amiga.

Khloe había repetido esas palabras tantas veces que casi había terminado creyéndolas.

Hasta aquella noche.

—No vuelvas a tocarme —dijo Khloe.

Isabella dio un paso adelante.

—¿Y si lo hago?

—Entonces gritaré.

—Nadie vendrá.

Khloe la miró.

—Estamos en un hospital.

Isabella sonrió.

—En una suite privada.

Entonces la empujó otra vez.

Khloe chocó contra la mesa.

Una copa cayó al suelo y se rompió.

El sonido de los cristales hizo que Khloe se estremeciera.

—¡Basta!

Intentó proteger su vientre.

Isabella la observó.

—Siempre haces eso.

—¿Qué?

—Actuar como si fueras la única persona en el mundo que tiene derecho a ser feliz.

Khloe sintió lágrimas en los ojos.

—Estás enferma.

El rostro de Isabella cambió.

La siguiente agresión fue más brutal.

Khloe cayó al suelo.

El dolor le atravesó el abdomen.

Durante un segundo aterrador, no sintió moverse al bebé.

El mundo se detuvo.

—No... no, por favor...

Isabella permaneció de pie.

Y entonces la puerta se abrió.

—¡Khloe!

Marcus Thorne apareció en el umbral.

A su lado estaba Elaine Parker, la coordinadora de la gala.

Marcus se quedó inmóvil.

Su mirada pasó de Khloe a Isabella.

Después a los cristales rotos.

—¿Qué ocurrió?

Isabella cambió inmediatamente.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Marcus...

Khloe levantó la mirada.

—No le creas.

Isabella retrocedió.

—Yo no quería...

—¡Ella me atacó!

Isabella comenzó a temblar.

—Solo intentaba defenderme.

Marcus miró a su esposa.

Durante un instante, Khloe sintió miedo.

No del ataque.

Sino de lo que ocurriría después.

Porque conocía a Isabella.

Sabía que aquella expresión de víctima no era espontánea.

Era una actuación.

Una muy bien ensayada.

Pero nadie sabía que, sobre ellos, dos cámaras de seguridad habían grabado cada segundo.

Y nadie sabía que, en ese mismo momento, el tío de Khloe estaba subiendo hacia la suite.

El doctor Adrian Cole había recibido una llamada urgente.

Y cuando vio las imágenes de seguridad...

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Comprendió que el ataque no había sido un arrebato de celos.

Había sido solo el primer paso de un plan mucho más grande.

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