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CAPÍTULO 2 — LA MUJER QUE NO RECORDABA SU PROPIA VIDA

CAPÍTULO 2 — LA MUJER QUE NO RECORDABA SU PROPIA VIDA

La fiesta terminó en menos de diez minutos.

Los invitados fueron escoltados fuera de la mansión.

Los teléfonos fueron confiscados temporalmente por el equipo de seguridad.

Alexander ordenó que nadie saliera con fotografías de la mujer.

Pero ya era demasiado tarde.

La imagen del niño abrazando a la camarera había sido capturada por varias personas.

Y antes de la medianoche, internet comenzaría a preguntar quién era la misteriosa mujer que parecía ser la esposa muerta del multimillonario.

Alexander llevó a la mujer a una habitación privada.

Ethan no quería separarse de ella.

—Quiero estar con mamá.

Alexander lo miró.

Por primera vez en cuatro años, no supo qué decirle a su hijo.

—Está bien.

La mujer permaneció sentada en el sofá.

Ethan apoyó la cabeza contra su brazo.

Ella acariciaba su cabello con una naturalidad que hizo que Alexander sintiera un dolor profundo en el pecho.

No recordaba a Ethan.

Pero sus manos sí parecían recordarlo.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Alexander.

La mujer lo miró.

—Maya.

—¿Maya qué?

Ella bajó la mirada.

—No lo sé.

Alexander frunció el ceño.

—¿No sabes tu apellido?

—No.

—¿Dónde naciste?

Maya negó con la cabeza.

—No lo sé.

—¿Quiénes son tus padres?

Sus ojos se llenaron de confusión.

—No lo sé.

Alexander se levantó.

—Entonces, ¿por qué mi hijo te llamó mamá?

Maya miró a Ethan.

El pequeño estaba dormido contra ella.

—No lo sé.

Aquella respuesta debería haberlo tranquilizado.

Pero lo aterrorizó aún más.

Alexander sacó una fotografía de su teléfono.

Era una imagen de Sofía.

Maya la observó.

Su rostro perdió el color.

—¿Quién es?

Alexander tragó saliva.

—Mi esposa.

Maya levantó la mirada.

—¿Está viva?

Alexander se quedó en silencio.

—No.

Maya comenzó a respirar más rápido.

Se llevó una mano a la cabeza.

—No…

—¿Qué ocurre?

—No lo sé.

Entonces comenzó a llorar.

No sabía por qué.

No recordaba a Alexander.

No recordaba su casa.

No recordaba su matrimonio.

No recordaba a Ethan.

Pero cuando miraba al niño, algo dentro de ella se rompía.

Alexander llamó a un médico.

Después de varios exámenes, la doctora confirmó algo inquietante.

Maya tenía una cicatriz detrás de la oreja.

También tenía una pequeña marca en la muñeca.

Alexander conocía ambas.

Sofía tenía exactamente las mismas.

Pero había algo más.

La doctora encontró una antigua fractura en su brazo izquierdo.

Alexander recordó el accidente.

El informe oficial decía que el cuerpo de Sofía había sufrido múltiples fracturas.

Todo encajaba.

Excepto una cosa.

—¿Cómo pudo sobrevivir? —preguntó Alexander.

La doctora respondió:

—Si el cuerpo que identificaron no era realmente el suyo… entonces es posible.

Alexander sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

En ese momento, Thomas entró en la habitación.

—Alexander.

—Dime que no es ella.

Thomas no respondió.

Alexander apretó los puños.

—Dímelo.

Thomas colocó una carpeta sobre la mesa.

—El cuerpo que identificaste hace cuatro años tenía una cicatriz en el hombro derecho.

Alexander se quedó inmóvil.

—Sofía no tenía ninguna cicatriz ahí.

El silencio se volvió insoportable.

Maya levantó la cabeza.

—¿Qué significa eso?

Thomas la miró.

—Significa que alguien utilizó un cadáver desconocido para fingir tu muerte.

Maya comenzó a temblar.

Alexander se acercó a ella.

—¿Quién te hizo esto?

Maya cerró los ojos.

De repente, una imagen apareció en su mente.

Una habitación oscura.

Una puerta cerrándose.

Una voz masculina.

Y una frase.

“Si vuelves con Alexander, Ethan morirá.”

Maya abrió los ojos violentamente.

—Yo… recuerdo algo.

Alexander se acercó.

—¿Qué?

Maya lo miró con terror.

—Un hombre.

—¿Quién?

Ella comenzó a llorar.

—Alguien que conocías.

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Entonces añadió:

—Y creo que fue él quien me hizo desaparecer.

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