Chapter 4 - La Caída Libre

Daniel se detuvo justo al lado de su madre, quien lo miraba con una aprobación cómplice y sádica. El heredero del imperio empresarial respiró hondo, mirando hacia abajo donde su esposa colgaba sostenida únicamente por la leal empleada.
—Ese bebé no puede nacer, Elena —sentenció Daniel con una voz tan fría y plana que heló el ambiente mucho más que el viento de la altura—. La empresa está al borde de la quiebra técnica, y el abuelo dejó establecido en el fideicomiso que toda la herencia pasará directamente a manos de un heredero legítimo varón, pero si tú mueres antes del parto, el capital regresa a la línea principal que controlamos mi madre y yo. Lo siento mucho, querida. Los negocios son los negocios.
—¡No te atrevas, Daniel! —rugió Clara desde el borde, con los músculos de su espalda a punto de desgarrarse por la tensión—. ¡Es tu propia esposa! ¡Es tu sangre la que lleva en el vientre!
—Cierra la boca, vieja entrometida —espetó Daniel con una mueca de desprecio absoluto.
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Sin vacilar ni un solo segundo, con una frialdad propia de un psicópata consumado, Daniel dio un paso al frente, levantó el brazo y deslizó la hoja afilada del cuchillo directamente contra la cuerda de tender de la que dependía la vida de su esposa. El sonido seco del cáñamo y el plástico cediendo bajo el filo resonó como un trueno.
—¡Noaaaa! —gritó Elena mientras la cuerda se rompía de tajo. Ambas se precipitaron hacia el vacío.