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El Abismo de la Traición / Chapter 1 / 30

Chapter 1 - El Vacío y la Cuerda

El sol de la tarde bañaba la exclusiva terraza de la mansión con un brillo dorado, deslumbrante y frío, reflejándose en las elegantes barandillas de vidrio templado y en el impecable suelo de mármol blanco. Elena vestía un sofisticado vestido largo de gasa color marfil, de corte imperio, diseñado meticulosamente para acomodar sus ocho meses de embarazo. Su cabello castaño oscuro, peinado con ondas suaves y elegantes, se agitaba salvajemente con el viento de la altura mientras su rostro reflejaba el terror más puro e irracional.

—¡Ayuda! ¡Mi bebé! —gritó Elena con desesperación, con la voz quebrada mientras sus manos delgadas aferraban con todas sus fuerzas una cuerda de tender ropa industrial que cruzaba el abismo exterior de la terraza.

Segundos antes, su suegra, Victoria, una mujer imponente de la alta sociedad que lucía un costoso traje de sastre negro y un collar de perlas legítimas que brillaba con crueldad, la había empujado sin piedad hacia el vacío. El impulso repentino la había sacado del borde, y solo los rápidos reflejos de Elena le habían permitido atrapar al vuelo la gruesa cuerda de acero recubierta de plástico que sostenía las sábanas de lino de la servidumbre.

Abajo, a más de veinte pisos de altura, los jardines perfectamente manicurados y la piscina reluciente parecían una maqueta minúscula e inaccesible. El viento soplaba con fuerza huracanada, golpeando su cuerpo suspendido en el aire. Cada segundo colgada de esa cuerda significaba una presión insoportable sobre su abdomen dilatado, un dolor punzante y agudo que amenazaba con desgarrar el tejido muscular y provocar un parto prematuro en el lugar más peligroso del mundo.

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Arriba, asomada peligrosamente por la cornisa, Victoria no mostraba ni un ápice de remordimiento. Su rostro estaba desencadenado por una furia fría y calculadora, los labios pintados de rojo oscuro retorcidos en una sonrisa macabra mientras observaba cómo las fuerzas de su nuera comenzaban a flaquear.

—¡Vas a caer, maldita intrusa! —vociferó Victoria con una voz cargada de veneno—. ¡Ese niño no va a nacer para arruinar el legado de nuestra familia! ¡Suéltate de una vez!

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